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Con importante participación de trabajadoras y trabajadores del sector de la energía, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia,
Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela y México; estando
presentes como invitados especiales Estados Unidos y Francia; los 17 países avanzamos en el análisis estratégico de nuestras
industrias y su necesaria declaración como derecho fundamental de la humanidad, para el desarrollo de nuestras naciones.
En nuestro continente, un pueblo valeroso, el pueblo cubano, al que el imperio estadounidense no ha logrado someter y no lo
hará, se yergue como un ejemplo de dignidad, valentía y entereza, que se está practicando ya en todos los países del
continente. Estamos ahora confrontando los intereses imperiales para recuperar lo que es nuestro. Igualmente, toda América
será ahora más nuestra.
Estados Unidos tampoco renuncia a dominar y explotar a Latinoamérica y el Caribe, esos territorios que siempre ha considerado
de su exclusivo interés. El instrumento en el que ha depositado sus esperanzas de renovado dominio es el ALCA, proyecto que
se le desactualiza cada día y no se aprueba debido a la resistencia y el rechazo de los pueblos latinoamericanos y caribeños.
Cambiando la táctica, Estados Unidos presiona y amenaza para obtener tratados de supuesto libre comercio con países o con
regiones enteras. Esos tratados, bilaterales o regionales, son tan nocivos como el ALCA, porque sirven para abrirle camino y
están llenos de acuerdos secretos que tienen la sola finalidad de proteger los intereses estadounidenses.
Como todo imperio, Estados Unidos no puede renunciar a la fuerza militar, y por el contrario, trata de incrementarla.
Nuestros países están siendo pertrechados y fortalecidos militarmente, como extensiones de las fuerzas armadas
estadounidenses, no porque exista un peligro de guerra o porque tengamos que luchar contra fantasmas terroristas, que no son
sino una estrategia más de Estados Unidos.
El proyecto estadounidense, clandestino y siniestro, consiste en instaurar en nuestros países regímenes militares y
policíacos los que, al impedir toda forma de acción política y resistencia de los pueblos, eviten su propia intervención.
Pero los pueblos latinoamericanos y caribeños son beneficiarios de una gran vitalidad y capacidad de resistencia. Poco a poco
los gobiernos colaboracionistas están siendo rechazados, y en su lugar los pueblos imponen gobiernos nacionalistas,
preocupados por satisfacer los intereses de sus pueblos.
Ya se hace notar un grupo de países que está cambiando las relaciones de sometimiento a intereses extraños. Nos llenan de
entusiasmo los procesos políticos y sociales de Cuba, Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Bolivia y otros países
que están en vías de cambiar sus gobiernos y seguramente sus destinos. Entre ellos, tal vez México.
Igualmente nos llena de entusiasmo que nuestros países busquen la unidad como forma probada de defender sus intereses
nacionales. La realidad nos impone la necesidad de la unidad. Los países latinoamericanos y caribeños necesitan seguir un
camino inequívoco hacia ella. Los grandes próceres de nuestra independencia fueron visionarios al señalar a la unidad como la
mejor garantía de la emancipación definitiva de nuestros pueblos.
Los países neocolonialistas y sus empresas transnacionales tienen un interés permanente en nuestros recursos naturales.
Gobiernos colaboracionistas les han abierto las puertas de nuestros países, y sus transnacionales se han posesionado de una
diversidad de recursos, entre los que destacan las fuentes energéticas por ser las más redituables. La lucha por la soberanía
sobre los recursos energéticos se potencia si los pueblos articulan la defensa.
Las empresas transnacionales de la energía causan diversos y severos perjuicios a los países huéspedes: impiden que los
pueblos ejerzan su soberanía sobre esos recursos, causan graves daños al medio ambiente, exportan los beneficios, y como
buscadoras de ganancias, a las que no les interesa el futuro de los países que las aceptan, explotan aceleradamente los
recursos provocando su agotamiento prematuro.
Uno de los temas más importantes de este Foro es cómo detener las privatizaciones y la recuperación o renacionalización del
petróleo, la electricidad, el gas y las fuentes renovables de energía. Sostenemos que la lucha de las trabajadoras y
trabajadores de la energía, cuyo número es necesariamente reducido, no basta; creemos que deben ser convocados los pueblos
por ser los verdaderos y únicos dueños de esos recursos. Su irrupción en esta lucha puede ofrecer resultados definitivos.
Aunque la integración energética ya ha sido puesta en marcha por algunos gobiernos democráticos e independientes, la mayoría
de los países, para sumarse a este visionario proyecto, necesita ejercer su plena soberanía sobre la totalidad de sus propios
recursos energéticos, arrancándolos de las manos de las empresas y corporaciones transnacionales que los usurpan.
Está probado mundialmente que las empresas energéticas privatizadas fracasan y producen incontables problemas. Se entiende,
no se puede conciliar un servicio público con la obsesión por reducir costos y con la avidez por las ganancias. Las empresas
de la energía tienen que ser empresas públicas, garantes de los intereses nacionales, sin afán de lucro, proveedoras de un
servicio sin exclusiones. No hay otra opción que convenga a los pueblos.
Los gobiernos que han adoptado el modelo neoliberal, deben ser calificados de colaboracionistas, entreguistas y traidores. La
única forma como el neoliberalismo puede implantarse, como las transnacionales pueden posesionarse de los bienes de las
naciones, es mediante sobornos y la corrupción de los administradores públicos. Detrás de cada empresa pública privatizada
hay sobornos. Es tarea nuestra hacérselo saber a nuestros pueblos.
La guía para el inicio de una nueva y superior etapa de nuestra lucha en defensa de nuestros recursos energéticos, son los
siguientes acuerdos:
• Repudiamos la privatización de las empresas energéticas de nuestros países. Sostenemos que las empresas privadas son
ajenas y contrarias a la prestación del servicio público de energía. La búsqueda de ganancias las impulsa a ofrecer un
servicio caro, ineficaz y excluyente; a no invertir en el necesario mantenimiento de instalaciones y equipos; a no invertir
en la capacitación y adiestramiento de sus trabajadores ni en medidas de seguridad e higiene; a disminuir los derechos
laborales y a intervenir en la autonomía de las organizaciones sindicales. Este es un fenómeno que se repite mundialmente,
confirmando que el abasto de energía, en cualquiera de sus formas, debe ser ajeno a los intereses privados.
• Sostenemos que las industrias energéticas deben ser de carácter público porque garantizan a los países la soberanía sobre
los recursos energéticos, porque ofrecen un servicio social que no está condicionado por el lucro, porque otorgan seguridad
social a los trabajadores y sus familias, porque los rendimientos de la explotación se integran a la economía nacional,
porque pueden ofrecer servicios extensivos e incluyentes.
• Declaramos nuestra decisión de luchar porque los gobiernos no permitan que las industrias energéticas caigan en manos
privadas. Lucharemos contra la entrega de concesiones, permisos o ventas para que las transnacionales de la energía operen en
nuestros países. Estaremos en contra y denunciaremos todo caso nuevo de privatización.
• Detengamos la privatización de la industria energética como el primer paso. Nuestra meta es que las naciones, que son las
propietarias de los recursos energéticos, entren en posesión de éstos, nacionalizando, recuperando y renacionalizando lo que
haya sido entregado a las corporaciones transnacionales. Las fuentes de energía y sus industrias deben de servir de
fundamento al desarrollo multilateral de las naciones.
• Desaprobamos el cúmulo de facilidades que algunos gobiernos otorgan a las empresas transnacionales de la energía. Además
del alto porcentaje del que se apropian del valor de los energéticos que explotan, las transnacionales reciben apoyos de los
gobiernos para terrenos, caminos e instalaciones con cargo a los erarios públicos. Además el pago de impuestos es mínimo,
cuando no es nulo. Es evidente que se les regala, prácticamente, el dinero y los recursos que pertenecen a los pueblos.
• Saludamos a Bolivia, país hermano, por la NACIONALIZACIÓN DE LOS HIDROCARBUROS DECRETADA POR EL GOBIERNO DE BOLIVIA el
pasado día 1° de mayo. De esta manera se concreta una de las más preciadas aspiraciones, no solamente del pueblo y los
trabajadores de la energía bolivianos, sino también nuestras.
• Manifestamos nuestro repudio a la doctrina neoliberal, al ALCA y a todos los tratados de libre comercio impuestos por el
imperio estadounidense. A todos ellos los entendemos como instrumentos de dominación y explotación diseñados perversamente por
Estados Unidos, para utilizarlos en contra de nuestros países, teniéndose a sí mismo como el único y exclusivo beneficiario.
Sin embargo, el neoliberalismo no resiste la acción de los pueblos, su deterioro es evidente y su final vendrá cuando nuestras
luchas lo alcancen.
• Apoyamos los procesos de integración de los países latinoamericanos y caribeños expresados en avances como Petroamérica y
el ALBA.
• Rechazamos los intentos de Estados Unidos de convertir a nuestros países en estados militarizados y policíacos, como
estrategia para reprimir inconformidades y acciones políticas populares contrarias a sus intereses imperiales. Con el pretexto
de la lucha contra el terrorismo, que nada tiene que ver con nosotros, está vendiendo armas a los países americanos,
organizando maniobras conjuntas y dando cursos de adiestramiento especializado a ejércitos que no hacen la guerra, y solamente
se ocupan del resguardo de sus países. Nadie duda de que lo que busca Estados Unidos es que los ejércitos se preparen para
reprimir a sus pueblos.
• Reafirmamos como logros de este foro la conformación y realización del primer y segundo foros nucleares que han avanzado
en la integración mediante el intercambio de recursos humanos y tecnología entre Argentina y México aportando desde un sector
estratégico como es el nuclear, a la unidad latinoamericana y caribeña.
• Rechazamos las propuestas de algunos gobiernos para colocar el tema de los Servicios Energéticos bajo el control de la
Organización Mundial del Comercio.
• Avancemos en un proyecto energético para toda la región latinoamericana y caribeña en apoyo al esfuerzo de integración de
nuestros pueblos.
• Reafirmamos los dos objetivos políticos establecidos en el I Foro de Caracas: avanzar hacia una organización superior de
los trabajadores de la energía de América Latina y el Caribe y la construcción de un amplio frente social para enfrentar a la
política neoliberal.
• Acordamos, constituir una Coordinadora de Sindicatos de la Energía de América Latina y el Caribe, sobre la base de
coordinaciones regionales de Norteamérica, Centroamérica, Caribe y Sudamérica que trabajen hacia la creación de las
condiciones políticas necesarias que permitan crear una Confederación en el III FORO con una base firme y amplia.
- Se asigna el papel de evaluar el avance de este trabajo al Comité
Internacional de Organización acordado en Venezuela.
Reafirmamos a Venezuela como sede permanente del Foro y convocamos al III Foro Latinoamericano y Caribeño de Trabajadoras y
Trabajadores de la Energía, en nuestro hermano país de Bolivia, para mayo de 2007.
Concebido el Foro como Frente Social Energético, reconocemos la constitución de la Asociación Civil sin fines de lucro
llamada, INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN Y ESTUDIOS ENERGÉTICOS DE LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS DE LATINOAMÉRICA Y EL CARIBE
(IEETALC), el 19 de octubre de 2005; comprometiéndonos a consolidar su mejoramiento y funcionamiento en beneficio de la
investigación, científica y tecnológica para el servicio de nuestras industrias energéticas.
Este Foro marca el inicio de una etapa nueva y superior en la defensa de nuestros energéticos. Es necesario unificar nuestras
fuerzas y nuestras luchas. Los trabajadores de la energía necesitamos la participación de los pueblos, cada país necesita la
participación de los otros países. No basta luchar por la energía, es necesario luchar por todos nuestros recursos, unificar
las fuerzas y los movimientos, crear una sola lucha. Nadie vencerá desde el aislamiento. Es la hora de la unidad.
¡OTRA AMÉRICA, ES POSIBLE!
México, D. F., mayo de 2006.
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